La literatura, un salvavidas para la humanidad: Ángeles Mastretta

Para Ángeles Mastretta (Puebla, 1949), la literatura ha sido el “salvavidas” de la humanidad en estos tiempos de pandemia. La ficción, la poesía, los relatos y la historia son viajes a mundos ilusorios que dan un respiro al lector en medio del constante estrés al que nos hemos sometido desde marzo pasado. Ella, confiesa, ha sobrevivido a esta crisis sostenida de los libros; los propios y los de sus colegas favoritos.

“La literatura ha ayudado a mucha gente incluso a la que no lee, porque la literatura está en todo, está detrás de las series y películas, no hay nada que se filme que no tenga una historia escrita y estas son un boleto de ida a un viaje a sitios donde nos sentimos por un momento cobijados”, refirió la autora de personajes femeninos sugerentes.

En la charla virtual titulada La literatura al rescate, en el marco de la 34 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Mastretta conversó con la académica Paulina Morales, de la Universidad de Chihuahua, sobre su quehacer como literata, pero sobre todo de qué manera la letra impresa puede ser la llave de mundos que no podríamos habitar si no fuera por la literatura.

Y no sólo las novelas de Mastrettta, que en su mayoría colocan a la mujer en primer plano, sino la de narradores que juegan en la ficción como si de un rompecabezas se tratara. “Nos afligimos (los escritores) cuando estamos escribiendo un libro, porque luego no sabemos qué historia contar, yo cuando escribo, pienso qué le quiero regalar a quien me lee”, añadió la autora de Mal de amores y Yo misma.

Mastretta confesó que el novelista es una especie de mentiroso. Un mentiroso que crea situaciones y personajes inexistentes que hacen de reflejo de una sociedad en crisis y en ese espejo hay espacio para la reflexión de uno mismo. Para entender el presente que nos aqueja. En sus novelas no hay moraleja impresa, pero sí pistas para que el lector cuestione su entorno.

Y no sólo las novelas de Mastrettta, que en su mayoría colocan a la mujer en primer plano, sino la de narradores que juegan en la ficción como si de un rompecabezas se tratara. “Nos afligimos (los escritores) cuando estamos escribiendo un libro, porque luego no sabemos qué historia contar, yo cuando escribo, pienso qué le quiero regalar a quien me lee”, añadió la autora de Mal de amores y Yo misma.

Mastretta confesó que el novelista es una especie de mentiroso. Un mentiroso que crea situaciones y personajes inexistentes que hacen de reflejo de una sociedad en crisis y en ese espejo hay espacio para la reflexión de uno mismo. Para entender el presente que nos aqueja. En sus novelas no hay moraleja impresa, pero sí pistas para que el lector cuestione su entorno.