Grupos criminales han aprovechado la pandemia para imponer agendas

 Durante la pandemia de covid-19, grupos violentos, como terroristas, extremistas de derecha y el crimen organizado han utilizado las redes sociales maliciosamente para reforzar sus agendas, según un nuevo informe del Instituto de Investigación Interregional sobre Crimen y Justicia de las Naciones Unidas.

En el caso particular de México, dice el reporte, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otros cárteles como La Nueva Familia Michoacana y Los Granados incrementaron la producción de medicamentos falsificados para obligar a las pequeñas y medianas farmacias a vender sus productos y empresas a los cárteles de la droga en los estados de Guanajuato, Jalisco, Guerrero y Michoacán.

Además, algunos grupos criminales han intentado desempeñar el papel de las instituciones gubernamentales y oficiales dentro de los territorios donde tienen una fuerte presencia adoptando estrictas medidas de salud, como encierros, o apoyando directamente a la población con desinfectantes y alimentos.

Por ejemplo, algunas organizaciones delictivas han distribuido cajas de ayuda con el nombre o logo de la organización y han promovido sus acciones en las redes sociales y en las noticias.

Cita el caso del Cartel del Golfo que en el estado de Tamaulipas distribuyó paquetes de ayuda con alimentos y desinfectantes colocando en cada caja una calcomanía con el nombre del cartel y de su líder, y en Guadalajara, Jalisco, una de las hijas de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa, distribuyó a los ciudadanos víveres con la imagen de su padre.

Sin embargo, el informe aclara que el objetivo principal de estos grupos no es proteger a la población local, sino proteger sus intereses criminales, pues les preocupa que una gran crisis de salud pueda provocar la llegada y la participación de las fuerzas del orden o del ejército en las áreas bajo el control del crimen organizado y, como resultado, poner en peligro sus actividades ilegales.

El estudio alerta también que los actores violentos no estatales han diseminado intencionadamente teorías conspirativas sobre el origen del covid-19, atribuyéndolo a los gobiernos, determinadas etnias o religiones, supuestas redes secretas, compañías o empresarios, que, según ellos, tienen objetivos como la aniquilación de la población, el control mundial o enriquecerse mediante la venta de vacunas y tratamientos.

En todos estos casos, dice, los grupos afirman tener “el verdadero conocimiento” sobre el origen del covid-19 y los mensajes a menudo se personalizan para coincidir con la audiencia y las ideologías de estos grupos. Por ejemplo, en grupos de extrema derecha de Estados Unidos han circulado teorías que culpan a los inmigrantes y extranjeros como los responsables de propagar al virus.

Según el informe, estas teorías están dirigidas a socavar la confianza en los gobiernos, y al mismo tiempo a reforzar narrativas extremistas como una estrategia de reclutamiento. También tienden a incrementar el “terrorismo inspirado” o la motivación de los terroristas auto-radicalizados para perpetrar ataques reales.

El organismo detectó casos en los que grupos de extrema derecha, como CoronaWaffen, pidieron explícitamente a sus seguidores que propagaran el virus tosiendo en su minoría local o asistiendo a lugares específicos donde se reúnen minorías religiosas o raciales.

Otro aspecto importante es el uso malintencionado de social bots, algoritmos informáticos que producen contenido automáticamente, interactúan con humanos en las redes sociales e intentan influir en su opinión y comportamiento.

Un estudio reciente de la Universidad Carnegie Mellon observó que el 45% de las cuentas de Twitter que comparten más de 200 millones de mensajes sobre el coronavirus probablemente sean bots y que esos relatos han alimentado más de 100 narrativas falsas sobre la pandemia entre enero y mayo de 2020.

El informe recalcó que es muy probable que las acciones de los actores no estatales no se limite a la crisis actual, sino que continúe después, ya que los grupos terroristas, extremistas violentos y criminales buscarán influir en las políticas post-covid-19 para su propio beneficio.

Además, advirtió que diferentes teorías conspirativas continúan extendiéndose por todo el mundo, como la identificación de la señal del teléfono móvil 5G como vehículo para transmitir el virus, la falsa afirmación de que la pandemia ha sido ideada por Bill Gates para implantar microchips en seres humanos, o la idea de que el virus es un engaño y no existe.

La convergencia de estas teorías puede tener un efecto multiplicador que refuerza la polarización y el aislamiento intergrupales, provoca que las personas no escuchen la orientación de sus gobiernos frente al coronavirus (como con el rechazo de utilizar mascarillas, las medidas de confinamiento y futuras vacunas) y aumenta potencialmente los riesgos de ataques terroristas contra personas o contra infraestructuras que estén falsamente conectadas al covid-19.

Sin embargo, el informe destacó que la información precisa, responsable y confiable sigue siendo fundamental para intensificar los esfuerzos colectivos para contener la transmisión de covid-19 y que una estrategia anti-covid eficaz debe incluir el uso de tecnología para prevenir y combatir la desinformación, sin embargo, advirtió que la tecnología por sí sola no puede resolver el problema ni remplazar el juicio humano para contrarrestar estas amenazas.